ARGENTINA-MENDOZA-IGUAZÚ

Un mes en Argentina da para mucho, para aprender a perderte, para escuchar y ser interrumpido por el carácter de una sociedad que no tiene miedo a hablar con un desconocido en el banco de un parque. ¿Lo mejor? La compañía. ¿Lo peor? Enfrentarse a miedos, que por un lado también ha sido la mejor parte: superar pasar 13 horas seguidas en un avión, superar bajar unos rápidos pensando que sería lo último que haría.

Jamás, jamás olvidaré la sensación de estar volando bajo las aguas de las cataratas de Iguazú, y gritar como una niña y sentirme libre…Sentir que todo es posible.